El AC Milan evitó la derrota en el último suspiro ante la Fiorentina, pero el empate 1-1 en el Artemio Franchi dejó más interrogantes que alivio en el entorno rossonero. El tanto tardío de Christopher Nkunku salvó un punto , aunque no disimula una realidad incómoda: el equipo de Massimiliano Allegri empieza a perder impulso en la lucha por el título y permite que el Inter de Milán conserve la iniciativa en la cima de la Serie A.
El resultado, más que un premio, fue un aviso. El Milan volvió a dejar escapar puntos por segunda jornada consecutiva y mostró dos caras muy distintas en Florencia: una dominante, ambiciosa y reconocible en el primer tiempo; otra apagada, reactiva y vulnerable tras el descanso.
Un Milan superior… sin pegada
Durante los primeros 45 minutos, el Milan fue claramente superior. Christian Pulisic encarnó todo lo que el equipo quiso ser: vertical, intenso y profundo. El estadounidense generó hasta cuatro ocasiones claras, tres de ellas francas, que exigieron la mejor versión de David De Gea, decisivo para sostener a una Fiorentina superada por momentos.
El Milan movió el balón con fluidez, presionó alto y pareció un candidato real al Scudetto. Sin embargo, el pecado fue el de siempre: la falta de eficacia. No transformar ese dominio en goles acabó siendo una condena silenciosa. Allegri lo sabía y lo sufrió desde el banquillo, consciente de que los partidos grandes no siempre perdonan la falta de contundencia.
La Fiorentina entiende el partido
Para la Fiorentina, el 0-0 al descanso fue casi un triunfo parcial. El equipo local, uno de los más irregulares del campeonato, ajustó líneas, subió la intensidad y comprendió que el partido estaba vivo. Bastaron diez minutos del segundo tiempo para cambiar el paisaje: centros peligrosos, remates desde segunda línea y una sensación creciente de incomodidad para el Milan.
El aviso fue claro cuando Mike Maignan tuvo que intervenir con el pie ante un centro envenenado. Luego llegaron los remates de Dodo, Gosens y la presión constante que empezó a encerrar al conjunto rossonero en su propio campo.
El gol que expuso las dudas
El tanto de la Fiorentina no fue una sorpresa, sino una consecuencia. Al minuto 66, Comuzzo cabeceó con precisión quirúrgica, picado y cruzado, lejos del alcance de Maignan. Era la quinta llegada clara del equipo local en la segunda parte y el reflejo de un Milan sin control del partido.
Allegri ya había intentado cambiar la dinámica con las entradas de Rafael Leao y Adrien Rabiot, pero el equipo seguía sin profundidad ni continuidad ofensiva. La imagen contrastaba con la del primer tiempo y encendía las alarmas: el Milan parecía desconectado emocional y futbolísticamente.
Nkunku salva el punto, no las sensaciones
Cuando el escenario era más oscuro, apareció Christopher Nkunku. El francés se inventó una acción decisiva para marcar el 1-1 en el tramo final, rescatando un empate que mantiene vivo al Milan, pero que no oculta la sensación de oportunidad perdida.
El equipo incluso pudo perderlo todo en los últimos minutos, salvado por el larguero y otra intervención de Maignan. El punto fue un alivio mínimo en un partido que dejó más preguntas que respuestas.
Un Milan que no convence del todo
El Milan sigue fuerte, sí, pero el contexto pesa. Está ahora a tres puntos del Inter, que aún no ha jugado esta jornada, y transmite una sensación de fragilidad competitiva en momentos clave. El margen de error se reduce y la exigencia aumenta en una Serie A extremadamente ajustada.
El empate en Florencia no es una tragedia, pero sí un síntoma. El Milan necesita recuperar constancia, ambición sostenida durante 90 minutos y, sobre todo, mayor eficacia si quiere mantenerse en la pelea real por el título.
Porque en la lucha por el Scudetto, empatar también es ceder terreno.
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