El Real Madrid sacó adelante un compromiso exigente sin resolver muchas de las dudas que le acosan, especialmente ante rivales de la alta sociedad continental. Tuvo ráfagas irresistibles en las que mereció un triunfo holgado, con Di Gregorio hecho un gigante, pero no supo cerrar las transiciones italianas hasta el punto de convertir a Courtois en figura. Güler dirigió el juego con acierto, y Bellingham firmó el gol que descorchó su mejor actuación en tiempo. Buena noticia para lo que está por venir. La Juve siempre fue un hueso, especialmente en el Santiago Bernabéu. Y no defraudó, pese a la pésima racha que arrastraba y amenaza el futuro de Igor Tudor. Sorprendió el técnico colocando a Kalulu, un marcador, en la derecha, supuestamente para contener a Vinicius. Pues no. Fue la vía para salir de los bianconeri, que generaron tres ocasiones en el primer tramo. Asencio tapó el centro del francés en la primera. Courtois contuvo los dos siguientes, un remate lejano de McKennie y otro envenenado de Gatti, durísimo, abajo. Paradón del belga para guardar el 0-0. El Madrid se desperezó pasado el cuarto de hora. Xabi busca la forma de entonar a Bellingham, y le buscó acomodo por detrás del punta. El inglés busca su juego, pero le costó influir en el juego hasta que no encontró el gol. La sorpresa fue Brahim en la derecha. Le costó al Madrid mover la pelota con rapidez para generar ventajas, más por el costado derecho que por el izquierdo donde Vinicius tenía mucha vigilancia. La primera oportunidad blanca llegó en uno de esos córners que Arda Güler pone con música y que cabeceó Tchouaméni con autoridad, pero centrado. Como viene ocurriendo con asiduidad, el juego del Madrid fluyó cada vez que pasó por las botas de Güler, que crece por minutos. Juega con naturalidad, y empieza a incorporar a su repertorio la función de robar balones. Su primer toque, tras una presión en campo contrario de la Juve, merece el precio de la entrada. Total, que la Juve ya no salió de la cueva y el Madrid generó un par de opciones para ponerse en ventaja. La primera, un remate cruzado de Brahim, escaso de ángulo, que controló bien Di Gregorio. La segunda, mucho más clara, tras controlar de nuevo Brahim en posición de 9, girarse, tocó a la izquierda y Mbappé remató como un trueno. Di Gregorio puso la cara para evitar el 1-0. Del descanso volvió empanado el Madrid. Yildiz apareció por derecha, y Carreras regaló una salida a Kalulu que corrigió Militao. El brasileño se quedó vigilando a Vlahovic con el Madrid volcado y en un rechace perdió el duelo en velocidad con el serbio. Pretendido por el Madrid hace unas temporadas, Dusan encaró a Courtois, se escoró a la izquierda y el belga le intuyó el tiro cruzado. Paradón de valor gol. Olió la sangre la Juve, con Yildiz volcado a la izquierda buscando la espalda de Valverde. Desde allí sirvió un pase de gol que no intuyó Vlahovic. Y en ese instante, con la grada rumiando el enfado, con la hinchada juventina saltando enfebrecida, con el personal intuyendo si Bellingham sería el primer cambio, el inglés resolvió las dudas. Lo hizo apareciendo como en su primer año, con puntualidad británica, para remachar la ocasión que fabricó Vinicius con un jugadón. Recibió en la izquierda, amagó una, dos, tiró cruzado y seco en busca del gol, pero se estrelló en el palo. La gloria esta vez fue para Jude. El centrocampista del Real Madrid Jude Bellingham celebra tras marcar ante la Juventus, durante el partido de la tercera jornada de la Liga de Campeones que Real Madrid y Juventus disputaron en el estadio Santiago Bernabéu. EFE/Sergio Pérez El gol desatascó al Madrid y destapó a Bellingham, que cuajó sus mejores minutos desde la operación de hombro. Tuvo ocasiones de sobra para sentenciar el duelo, especialmente una doble de Mbappé y Brahim que sacó Di Gregorio en dos acciones de porterazo. Valverde detonó una volea de las suyas tras un córner extraordinario de Güler, a quien conviene cuidar. Por eso le retiró Xabi, con un ojo en la Champions y otro en el Clásico. Sólo hizo un cambio y la Juve metió delanteros nuevos. Y rápidos. Openda y David se unieron a Conceiçao, pero al que no lograba detectar ni controlar el Madrid era a Kalulu, que entraba siempre solo. Por eso entró Fran García, para vigilar el sector izquierdo. La tuvo la Juve. Y muy clara, en un balón a la espalda que jugaron bien David y Openda. El belga se la quiso poner a pierna buena y permitió la intervención prodigiosa de Asencio, que taponó el gol y se dejó un jirón muscular. Adiós al Clásico. Tchouaméni de central para cerrar el partido. El descuento fue eterno, con la Juve volcada sobre el campo madridista. Pudo empatar en un remate de Kostic que rechazó el inevitable Thibaut. Pudo remachar el Madrid en una contra, aunque esta vez no intervino el gigantesco Di Gregorio. Victoria complicada, con más mérito del esperado al inicio, y con los porteros en figuras. Tan decisivos como los goleadores. Comparte esto:Entrada Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads Relacionado Navegación de entradas El Villarreal asalta Mestalla: Gerard Moreno y Comesaña hunden a un Valencia sin reacción (0-2)